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martes, 5 de agosto de 2008

Congreso sobre Medicina y Salud Natural

Hace más o menos un año, un grupo de profesores de la Universidad de La Laguna publicó una carta abierta, con motivo de la celebración del “Primer Congreso de Medicina y Salud Natural”. En estas fechas, en las que recientemente se ha celebrado la segunda edición de tal evento, el Aula Cultural de Divulgación Científica de la Universidad de La Laguna toma el testigo de la iniciativa y presenta una nueva versión del manifiesto original, al entender que sus planteamientos siguen siendo tan válidos ahora como hace doce meses:


El próximo lunes, 23 de julio de 2007, arrancará en La Laguna el Primer Congreso de Medicina y Salud Natural, organizado bajo los auspicios de diversas instituciones públicas, entre las que destacan el Cabildo Insular de Tenerife y la Universidad de La Laguna. Su objetivo, según destacan en la página oficial, no es otro que tratar sobre las principales terapias complementarias, desde terapias occidentales como la Homeopatía y la Osteopatía, a medicinas ancestrales como Ayurveda de la India, Medicina Tradicional China y Shiatsu desde Japón, con los objetivos de favorecer la adquisición de una visión general en las diferentes terapias médicas no convencionales, su evolución histórica, estado actual y perspectivas de futuro; obtener conocimientos en aspectos científicos y socioculturales relacionados con la salud y las terapias; promover un espíritu de colaboración entre profesionales e investigadores, con el objetivo de mejorar la salud de la población.


El congreso, por lo que parece, intenta establecer nexos de unión y colaboración entre una serie de terapias alternativas, englobadas todas ellas bajo el siempre socorrido cuño del carácter “natural”. Entre el grupo de ponentes hay destacados nombres vinculados a la investigación y a la docencia en la Universidad de La Laguna, con una trayectoria intachable. Precisamente por esto, y por contar con la bendición de una de las dos instituciones académicas superiores del archipiélago, es por lo que resulta preocupante que, bajo el paraguas que dan éstas y aquéllos, se sitúen una serie de pretendidas terapias que sólo pueden ser etiquetadas como pseudomedicinas.


El congreso pretende facilitar la obtención de conocimientos científicos vinculados a la salud, pero se da la paradoja de que ninguna de las terapias mentadas ha conseguido aportar pruebas fiables de su eficacia mediante el empleo del método científico.


En el caso de la terapia occidental más popular, la homeopatía, en agosto de 2005, la revista médica The Lancet publicó un profundo metaestudio de numerosas pruebas clínicas a las que se han sometido las terapias homeopáticas, determinando de manera clara que la homeopatía no tiene una eficacia superior a la de cualquier placebo. Los practicantes de esta terapia no han aportado investigaciones, hallazgos, descubrimientos ni terapias originales, niegan de forma dogmática la existencia de organismos patógenos microscópicos, como serían las bacterias y virus, además de realizar afirmaciones sobre el "espíritu curativo" de ciertas sustancias que no han conseguido probar. Igualmente, niegan los conocimientos que tenemos sobre la química al enseñar que los efectos de una sustancia son mayores cuanto menor sea su cantidad, cuando es fácilmente demostrable que en el mundo real sucede exactamente lo contrario. La doctrina homeopática contradice buena parte de los conocimientos que nos han aportado disciplinas como la física, la química, la biología o la medicina (la medicina real), conocimientos que han supuesto una gran mejora de la salud y el bienestar de los ciudadanos. Lo que acontece con esta pseudoterapia puede hacerse extensivo a cualquiera de las mencionadas en el programa del congreso.


Más allá de la tradicional (y falaz) distinción entre medicina “oficial” y medicinas “alternativas”, la filosofía del evento parece incidir en el ámbito de la complementariedad, sobre la base de que las segundas son una buena herramienta para afianzar la eficacia de la primera, idea ésta que choca con el problema ya citado: no han logrado demostrar su eficacia en condiciones objetivas. Como se preguntara Alfonso López Borgoñoz, (miembro de ARP-Sociedad para el avance del pensamiento crítico y artífice del manifiesto por una sanidad que proteja nuestra salud sólo mediante terapias de eficacia comprobada) respecto del polémico decreto catalán sobre medicinas alternativas, ¿cómo puede ser beneficioso para las instituciones sanitarias acoger bajo su manto unas prácticas ineficaces? ¿No será más bien un grave riesgo para la salud pública el proporcionar autoridad a una serie de personas poco preparadas que usan una serie de técnicas terapéuticas que jamás han demostrado que sirvan para nada?


Lo que importa a la salud pública, en realidad, es que hay terapias que curan y terapias que no curan. No hay terapias oficiales y alternativas. Y todas las que se demuestra que curan son siempre incorporadas por la medicina que se ha dado en llamar oficial. Y sólo se sabe si unas curan de verdad o no lo hacen, exigiendo a las mismas que cumplan una serie de protocolos y comprobando su eficacia mediante una serie de ensayos clínicos controlados lo más objetivos posibles. Lo que será del mayor interés social no será tanto el defender un tipo de medicina en sí u otra, o situarlas –como se plantea en el congreso- en una armónica relación colaboradora, sino potenciar tan sólo aquellas terapias que hayan podido demostrar de forma clara que realmente proporcionan beneficios para la salud pública, más allá de la fe de los que las ejercen o de los que las reciben, o de sus comentarios particulares, sin relevancia estadística. No podemos olvidar que los recursos públicos son limitados, por lo que no entendemos lógico que se malgasten financiando terapias de eficacia no contrastada.


No nos negamos a las novedades. La ciencia es eso, novedad continua. No nos negamos a nuevas terapias curativas, la medicina basada en la ciencia es precisamente eso. No se trata de defender privilegios ni de defender ningún tipo de medicina en concreto, sino sólo aquella cuya aplicación esté acreditado que cura, y por acreditado nos referimos a estudios realizados en las condiciones debidas y que sean contrastables por otros equipos de investigación. De hecho, como ya hemos dicho, se debe pensar que la medicina actual ‘oficial’, se basa en la búsqueda y demostración continua de mejores terapias, de fármacos con más posibilidades de actuación. No es un conocimiento estancado, fosilizado, como el de las terapias alternativas que se enumeran en el programa del congreso. Criterios como la antigüedad de una terapia o la autoridad moral de quien primero la hizo servir, han sido felizmente retirados de la praxis médica en muchos países desde hace mucho tiempo, lo cual ha significado un notable crecimiento en la mejora de la calidad de vida de miles de millones de personas de forma objetiva y demostrable, así como un incremento notable en la esperanza de vida de la población de la mayor parte de países.


Por todo ello, manifestamos nuestra sincera preocupación por el hecho de que, bajo el paraguas institucional y junto a los representantes de la ciencia, se sitúen actividades que contradicen formalmente los principios que rigen lo primero (destacando sobremanera el interés social) y frontalmente los métodos y resultados propios de la segunda. No existen medicinas oficiales y alternativas, sólo una, la que cura. Y, como se ha dicho tantas veces, su única alternativa es una medicina mejor.



Quienes quieran secundar esta campaña puede enviar un mensaje a la dirección acdcull@gmail.com, indicando en el objeto del mismo su apoyo a la “Carta sobre el II Congreso sobre Medicina y Salud Natural” y su nombre, número de DNI o similar y profesión.

lunes, 12 de marzo de 2007

Jammeh cura el SIDA

El presidente electo de Gambia, el señor Yahya Jammeh, ha sacado un crítico en herboristería, y mezclando ungüentos y potingues ha logrado lo que miles de investigadores occidentales y dólares no han podido: un brebaje que cura el SIDA.

Cual dadivoso Prometeo bajó de las alturas entronizadas a traer paz y alivio al pueblo. ¿Y funciona? Hombre, si lo dice el rey...

Total, que el país se moviliza, se abandonan los anteriores tratamientos retrovirales (ya se sabe lo mala que es la medicina ortodoxa, oficial y dogmática), y cargamentos del nuevo brebaje comienzan a llegar a los hospitales.
Lo que no sabemos es si el propio presidente ha permitido que le infecten el virus VIH, para así demostrar más claramente a la plebe las virtudes de su invento.

La milagrosa cura del señor Jammeh (niños, no intentéis esto en casa) consiste al parecer en una pasta de hierbas aromáticas, una bebida amarga de color amarillo, y dos bananas. Pero como con la Coca-Cola, las cantidades y proporciones supongo que serán secretas.

Contra los descreídos, el presidente afirmó: "Sin importar lo que uno haga, siempre habrá escépticos, pero puedo asegurar que mi método es infalible". ¿Y qué tribunal (que es quien decide lo que es verdad) daría más peso a un test doble ciego que a la palabra del presidente (y sus guardaespaldas)?
Un ejemplo de descreída fue la coordinadora residente de las Naciones Unidas, Dra. Fadzai Gwaradzimba, que tras mostrar sus dudas en relación al tratamiendo presidencial, fue invitada a irse del país.

También dice el señor Yahya Alphonse Jemus Jebulai Jammeh, ex-coronel del ejército que se hizo con el poder tras el golpe de estado de 1994, que su tratamiento es voluntario, y que dice que no debe mezclarse con las drogas retrovirales porque "no deseo complicación alguna".

Para los que no lo sepan, el señor Jammeh también cura el asma, pero el SIDA queda mejor como titular. Y su partido lleva el curioso nombre de Alianza patriótica para la reorientación y la construcción.

Aquí en España dudo que Zapatero logre un éxito igual, sobretodo porque tenemos la manía de no endiosar a nadie, sino todo lo contrario, y de dejar la ciencia en manos de científicos (aunque esto último a veces logre evitarse, como hace la Generalitat de Catalunya).
Sin embargo, en la pérfida Albión sí que tienen un príncipe, Carlos, que, convertido en acérrimo defensor de la intrusión de las pseudomedicinas en la salud pública, seguro que si se empeña podría emular tal gesta.

Programa ONUSIDA, de las Naciones Unidas en lucha contra el SIDA.

domingo, 25 de febrero de 2007

Casi muere el sarampión

Bueno, después de unos días de abstinencia bloguera vuelvo a desbarrar, esta vez con una mala noticia.
Leo en el editorial periodístico de El Escéptico nº extra 22 y 23, de abril - diciembre 2006, la revista de ARP - Sociedad para el avance del pensamiento crítico, que no hemos logrado erradicar el sarampión.
La OMS preveía que para el 2005 el sarampión pasaría a ser la segunda enfermedad erradicada en el mundo, tras la viruela, pero no ha sido así.
Y esta enfermedad, que en Europa no suele ocasionar más que unos días de cama, con fiebre y sin colegio, salvo eventuales complicaciones, mata en cambio a cientos de miles de niños al año en el tercer mundo.
Y lo peor de todo es que no logremos erradicar este tipo de enfermedades del mundo por la oposición de parte de la población a las vacunas, basada en prejuicios religiosos o pseudocientíficos. Personas que se niegan a vacunar a sus hijos por creer en las verdades reveladas que cuentan algunos charlatanes en lugar de creer en la ciencia y la medicina que en los últimos siglos han mejorado nuestra vida, cualitativa y cuantitativamente. Personas que al no vacunar a sus hijos impiden que la enfermedad quede erradicada y causan por tanto la muerte de los hijos de otros muchos.